A modo de frontera entre los dos guanartematos de la isla, el barranco Guiniguada era una puerta natural y un pasillo hacia el interior. Por allí se retiraron los canarios tras intentar abortar la fortificación de los invasores en la batalla del Guiniguada. Posteriormente, junto a las aguas de este "río", se asentó el Real de Las Palmas, pasando en poco tiempo de ser un campamento guerrero a convertirse en una floreciente villa.

A finales del siglo XV se efectuaron en los márgenes del Guiniguada los primeros repartos de agua y tierras; a esto siguió la apertura de minas y acequias y la tala de los bosques del Monte Lentiscal. Pedro de Vera trajo de las islas de Madeira tallos de caña dulce y construyó un primer ingenio junto a San Roque, iniciándose así la progresiva transformación del territorio de esta cuenca. Con el transcurso del tiempo, más de la mitad del territorio de la cuenca del Guiniguada ha sido cultivado, en su mayor parte mediante el sistema de terrazas.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX la ciudad y los pueblos próximos no experimentaron grandes modificaciones. El desarrollo urbano se acelera y expande a partir de la década de los sesenta, hecho que también supuso la desaparición del cauce del "río Guiniguada" a su paso por el centro antiguo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En la actualidad, el entorno urbano y suburbano de esta cuenca, que abarca 72 Km2 salvando 1.850 metros de desnivel en tan sólo 22 km, acoge a una población de 380.000 personas, lo que supone aproximadamente el 50% de la población total que tiene la isla en sus 1.532 Km2.




Proyecto Guiniguada